MUN en Casa

Arte / Campus Creativo

Dramaturgia en el Museo


Un texto de Carlos Bernal Leiva, profesor del curso de escritura Teatral en el Museo Universidad de Navarra

De un tiempo a esta parte, en Campus Creativo desarrollamos una labor de teoría y práctica en la escritura teatral: los elementos básicos que la componen, cómo se articulan, breves datos de su historia y sobre todo su “carpintería”. El asunto es que los participantes en el taller adquieran las herramientas para escribir un texto teatral. Este es su fin último.

A cada sesión, cada participante y quien esto suscribe, llegamos cargados de imágenes, diálogos, posibles situaciones e ideas de lugares donde podrían suceder, como un aeropuerto, un desierto, una discoteca, un ascensor… Lo mismo sucede con los tiempos en los que podría pasar. Puede ser desde finales del siglo XVI hasta hoy o en un futuro lejano, a modo de ciencia ficción. Estas propuestas o dudas pertenecen, casi siempre, a historias que hace tiempo rondan por los pasillos de nuestra imaginación o se acurrucan en los rincones de nuestra fantasía en ese laberinto que cada uno llevamos dentro.    

Un joven anónimo nos mira a los ojos mientras mantiene a ambos lados de la cara las manos que parecen sujetar una máscara que oculta su rostro en la que se pueden leer las principales incógnitas de los personajes teatrales: vocablos como Persona (que procede del latin "máscara de actor") hábitos, experiencia, creencia, sensibilidad...
Persona: del latín «máscara de actor, personaje teatral», voz de origen etrusco

Sistemáticamente, nos reunimos en las instalaciones del Museo para inventar historias y darles forma de piezas teatrales ágiles, no muy largas y de temática variada. Algunos escriben algo que se acerca, a su manera, al musical. Otros se decantan por el teatro clásico (planteamiento, nudo y desenlace). Otros escriben en forma de monólogo o historias cortas en clave de teatro breve, microteatro. 

En el camino confrontamos los distintos trabajos y es en este intercambio de opiniones donde se encuentra el crecimiento de las piezas: cada uno asiste al proceso de creación de los otros y puede opinar. Los demás hablan de ese trabajo y el autor escucha con atención, pero al final será él quien decida qué le sirve para expresar con mayor efectividad, síntesis y belleza lo que quiere contar.

El deseo del autor

Los autores escribimos las historias que nos hubiera gustado que nos contaran o verlas, algún día, convertidas en teatro. Queremos que los personajes, sus sentimientos, su cuerpo, sus ojos y su cara se materialicen y verlos evolucionar sobre un escenario. Es lógico que el autor quiera ver cómo sus criaturas caminan y miran, escuchar el timbre de su voz… Y estrenar es el premio mayor, la meta más elevada. Pero, así como no todas las novelas, los cuentos o los poemas se publican, no todas las obras se montan. Y eso no quiere decir que no existan. 

Lo importante, lo que causa placer, es ver cómo esa historia va cogiendo cuerpo, cómo sus partes se van relacionando orgánicamente y configuran un todo: se va creando un mundo paralelo al real, con sus propias leyes y convenciones. En esta actividad, el autor juega a ser el mago mayor que se divierte creando, quitando y poniendo escenas, personajes, diálogos que irán conformando una estructura, un cuerpo, una pieza teatral a su gusto. El autor decide qué dicen los personajes, pero también, algunas veces, son estos los que le dictan lo que quieren decir. Y los autores copiamos. Se trata de un trabajo entre la poética y la arquitectura con palabras.

Y aunque es probable que la obra no llegue al escenario, si el autor tiene mucha pasión, puede ser que algún día afortunado se lleve a la escena. O que muchos años después, ya olvidada la obra, la encuentre, la lea y todavía le guste. Y le gustará compartirla con su gente. Se la pasará sonriente, como quien dice “mira lo que yo soy capaz de inventar”. Eso tampoco está mal.

Ensayo general de una obra teatral

Dice El Acontista, personaje del poeta colombiano León de Greiff: “Todavía no habré descendido la primera nube. Más, la delicia está en curvar el arco y en suponer la flecha donde la clava el ojo”.

Los participantes del taller ya son creadores. Han asumido los vericuetos de la creación, con momentos muy fructíferos, pero también con parones, dudas… En esa situación, como en la vida, conviene no quedarse atascado allí, enconándose en la escena no conseguida. Mejor pensar escenas que van más adelante o revisar alguna que quedó atrás a medio terminar. Luego podrá volver y es posible que el aire, el sueño o la vida le “hayan dado de sus nutrientes” y aparezcan luces para salir del parón. 

Sensibilidad, ciencia y sus procesos

En cualquier caso, el acercamiento al arte nos hace un poco más sensibles, cosa nada despreciable a la hora de vivir o de escoger qué historias contar y cómo. Pero estas son decisiones muy personales. Ni el profesor ni los otros participantes del taller deciden por el autor. Además, no existe la fórmula de la sensibilidad. Aunque sí creo que ronda por lugares por los que, en el acto creativo, nosotros también rondamos, como la curiosidad, el juego, la poesía, la observación…

La sensibilidad del arte no está reñida con la ciencia y sus procesos. Es conocido el acercamiento y la atracción mutua entre científicos y artistas: Chaplin, Albert Einstein, Bertolt Brecht, Leonardo da Vinci… Santiago García y Peter Schumann fueron importantísimos directores de teatro y arquitectos. Y Bruce Dickinson, estrella del rock, fue músico y piloto de aviación. Seguiría una larga lista. Artistas y científicos pertenecen a dos disciplinas diferentes, pero las dos tienen en común que para avanzar son fundamentales la curiosidad y el experimento.

Estamos hablando de arte y ciencia, de teatro y universidad, de dramaturgia en el Museo. La Universidad es la casa de la ciencia y la racionalidad, y el arte genera belleza, poesía y sentimientos. Con el taller, aspiramos a poner nuestro granito de arena en el puente que posibilita el feliz encuentro entre estas dos actividades clave en el desarrollo del ser humano.

Tanto los científicos como los artistas ven cosas que la mayoría de los seres humanos no. Son gentes de percepción aguda. En esa mirada reveladora comienza su vocación el artista, su actitud creativa. Nace el deseo de compartir con las personas esos detalles que muchos no ven, o no quieren ver, por las prisas o porque tienen otros afanes. A esta capacidad de sorprendernos y conmovernos es a la que antes llamábamos sensibilidad. 

En desorden aparecen en la imagen tipos de imprenta con pie de madera, aparecen letras de diversos tamaños así como números. Son las piezas esenciales para crear un texto.
Juego de tipos de imprenta

Aunque los personajes sean animales, objetos u ovnis, cuenten la historia que cuenten, siempre estarán hablándonos del ser humano, de sus relaciones, de los entresijos de sus sentimientos o de sus intereses… El objetivo de nuestro taller, además de estudiar el arte o alguna de sus variantes, hecho ya edificante y placentero, es también crear mientras aprendemos. Al final del curso, cada estudiante lleva bajo el brazo su trabajo y en el alma la satisfacción de haber escrito una obra de teatro en el Museo.

Carlos Bernal Leiva es escritor, director, actor y dramaturgo. Imparte el Taller de Escritura Teatral del Museo Universidad de Navarra.