MUN en Casa

Arte / MUN y arte Contemporáneo

Volver más sabios


Un texto de Nieves Acedo, directora del Master en Estudios de Comisariado del Museo Universidad de Navarra

Los alumnos del Máster en Estudios de Comisariado de la promoción 2019-20 están, como todos, en casa. Desde Madrid, Pamplona, Santander, Valladolid, Lima, Habana, Ciudad de México, Bogotá… siguen clases y talleres online, se reúnen por videoconferencia para terminar sus Trabajos Fin de Máster, ultiman sus entregas… Y, sobre todo, se preguntan qué podrá ganar o perder la profesión del curador con la experiencia de la pandemia. ¿Realmente va a ser distinto el mundo? Si esto es así, ¿cómo afectará al arte y a la cultura? En última instancia, se pregunta cada uno -lo hacemos todos- ¿cómo me afectará a mí, a mi entorno, a mi modo de vida, a mis expectativas de desarrollo en la profesión que me disponía a ejercer?

Varias personas contemplan una pared en la que dos mosaicos de fotos en blanco y negro de la exposición Universos del artista David Jimenez nos invitan a cuestionarnos lo que vemos.
La exposición Universos, de David Jiménez, actualmente en las salas del Museo. Foto @Manuel Castells

Cuál será el nuevo escenario, esa es la cuestión. Y secundariamente, cuál será el papel de la curaduría como ejercicio de selección y discriminación de los productos culturales y como capacidad de articularlos, ordenarlos y mostrarlos. Vayan aquí unas brevísimas reflexiones sobre lo que vivimos, pensando en el futuro, en una vuelta que no queremos igual, sino mejor. Esperamos, al menos, volver más sabios.

El papel del curador

Parece que han pasado siglos desde las primeras semanas de confinamiento, cuando una de las consignas más repetidas era: “Aprendamos a distinguir lo necesario de lo superfluo”. No era algo gratuito, la vida cotidiana nos obligaba a desarrollar un criterio: ¿qué es necesario?; no era otra la pregunta que nos hacía la policía al pararnos en nuestro camino. Sea lo que fuere aquello que íbamos a hacer lo importante era demostrar que era esencial.

En la imagen varios estudiantes tejen un manto de plumas negras, que forman parte de una pieza de la artista Cecilia Paredes.
Alumnos del MCS colaboran en el montaje de la exposición El No Retorno, de Cecilia Paredes, foto @Manuel Castells

Pues bien, aunque no intentaré explicárselo a ningún agente, si algo nos ha enseñado este encierro es la “necesidad de lo superfluo”. De poco nos ha servido el utilitarismo o el consecuencialismo para acertar con el modo adecuado de vivir las últimas semanas. En esta exhibición universal de vulnerabilidad, hemos advertido con mayor claridad que hay algo que hace la vida específicamente humana, algo que va más allá de la supervivencia. Hemos aprendido que la supervivencia, cómo no, es necesaria pero también insuficiente.

La cultura se ha puesto en pie. El ámbito del arte (el de lo superfluo) nos ha alimentado. Y sin embargo -y aquí está la novedad- no ha podido sostenernos la vieja consigna del anything goes. No, no vale todo. Precisamente cuando más necesario nos es, más capaces somos de separar, en lo superfluo-necesario, lo verdadero de lo que es falso, sofisticado, banal. No es pequeña tarea para el dedo mágico, selectivo, del curador.

Imaginar es urgente

El curador es importante porque los artistas son más importantes aún. Si algo ha puesto en jaque esta pandemia es nuestra imaginación, porque el escenario actual no entra en ninguno de los mundos posibles que habíamos previsto (guerras, fake news, ataques informáticos…). Las teorías conspiratorias tampoco son imaginativas: nos llevan siempre de vuelta a lo ya conocido, a lo ya imaginado.

En la imagen, un caserón y una tapia sobre la que asoma un árbol sin hojas. En la tapia se lee "queremos seguir trabajando". Es obra de Carlos Cánovas, perteneciente a su exposición En el tiempo
Una imagen de la exposición En el Tiempo, de Carlos Cánovas, en el MUN (En la pintada del muro se lee «Queremos seguir trabajando»)

Imaginar es urgente. No se puede construir lo que no se puede representar y el futuro aparece demasiado incierto para la mayoría de nosotros. Ante un problema global de imaginación, ¿qué diremos? Que necesitamos a los artistas dedicados de lleno a su trabajo con profundidad, riesgo, compromiso… y libertad. Ojalá no tengan que emplear demasiado tiempo en gestionar su propia obra, ojalá encuentren apoyos a la creación en una red política, social y profesional consolidada con este fin. Es una necesidad de todos. Urge, en efecto, una crítica de calidad a la propia cultura, que vaya más allá de los lugares comunes, que no avance a rebufo de las consignas que manejan los medios. Y necesitaremos, para ello, construir un sistema de relaciones de trabajo que les descargue de la obligación de estar en misa y repicando, aportándoles la libertad y la autonomía sin la que el arte no es. Más trabajo para el comisario.

Descentralizar la cultura

Una de las buenas noticias recibidas en reclusión es que la descentralización cultural es posible. Los grandes centros son para las grandes masas y su transformación virtual ha sido solo una salida de emergencia. Esos centros esperan (¿en vano?) la vuelta de las aglomeraciones. Pero, ¿y si decidimos que ya no es necesario viajar, que hay que pasar página del turismo de masas? Entonces se pondrá de manifiesto que lo virtual no basta. Sí, eso también lo hemos aprendido en la pandemia: en lo que ha tenido de experiencia sensorial reducida, minimalizada, sentimos el reclamo del despertar de los sentidos, de la presencia y la relación directa.

De modo que precisamos las estructuras culturales que alimenten la experiencia aquí, cerca de casa, en mi ciudad. Localizar lo global para globalizar lo local. El problema es que las costumbres no cambian solas. Aun cuando se ha revelado que gran parte del transporte de personas es, no ya superfluo, sino perjudicial, ¿sabremos renunciar a él? Pienso que no, sin una acción política consciente de apoyo a las estructuras medias, de descentralización.

Volveremos más sabios solo si somos capaces de un ejercicio de razón práctica. A los que salen al ruedo del ejercicio profesional no les queda otra opción. Serán ellos quienes vayan por delante inventando estrategias que, sirviendo a la mejora del sistema, les sirvan a ellos mismos. Quiero pensar que en el Máster en Estudios de Comisariado hemos formado jóvenes curadores con capacidad de reflexión y emprendimiento, conscientes de su labor como interlocutores y apoyo de los artistas, con interés por llevar propuestas de calidad a las periferias y por la conquista de nuevos públicos, de nuevos modos. Seguiremos con ellos, unidos en una red comprometida con la cultura, defendiendo en todas partes su superflua necesidad.

Nieves Acedo, directora del Master en Estudios de Comisariado del Museo Universidad de Navarra